La
frase “consultar con la almohada” ha sido terriblemente mal interpretada por
millones de personas en el mundo y, para aminorar ese impacto, he aquí una
opinión de cómo comprenderla a plenitud y que la misma no haga más daño.
Sí,
esa frase ha hecho muchísimo daño, ya que hace que nos llevemos los problemas a
la cama y creer que en posición horizontal vendrán los debates y soluciones de
manera mágica y sin agobio, cuando debería de ser el lugar de dormir, un
territorio neutral o de pausa.
Consultar con la almohada
Desde
que los libros se publicaron con mayor fuerza, gracias a la invención de la
imprenta y siglos siguientes, las personas encontraron un lugar neutral en el
cual poder escapar del día a día.
A
ello se le sumaba la conversación con la pareja y/o el consecuente encuentro
amoroso. Para las personas solitarias, la lectura, el tejido, dibujar o crear
una esquela organizacional le permitía drenar esos cartuchos de adrenalina que
la vida cotidiana va creando y soltando.
Actualmente,
la gente utiliza sus dispositivos, tanto para jugar, entrar a las redes
sociales, chatear o crear mensajes de tono bíblico y reflexivo en la app Bible
Focus y su sistema de IA que asocia imagen personal con versículos llamado Bible Lens. Con ello llaman al sueño y descanso.
Pero,
hay cosas del día que se intentan postergar para buscar una solución en frío,
pensando en frío, lo que es loable para no acrecentar más los problemas. O para
tomar decisiones trascendentales que ameritan un lapso de tiempo que no se
alargue (prudencial), y que diste de irse a las carreras (hasta 72 horas).
Es
en ese instante que la gente dice o se dice “lo voy a consultar con la almohada”
y piensan que acostados y a punto de dormir, hallarán una solución que emergerá
mágicamente de su subconsciente o alguna epifanía.
Raramente
ese momento de relax trae soluciones 100% fiables o al menos una esquela que
permita hilvanar una solución, toma de decisiones o incluso una mejor actitud. Todo
porque esperamos que el lapso entre acostarnos y quedarnos dormido, la mente y
su inteligencia lógico – matemática, halle la respuesta correcta cuán
computadora.
Eso
incide tanto en lo onírico como en lo físico y más en lo actitudinal. ¿Cuánta
gente no se despierta frustrada, molesta y la termina pagando sin derecho alguno
con sus seres queridos, porque el preámbulo al dormir o incluso en el sueño, no
encontró la respuesta deseada?
Demasiados.
Incluso usted y yo hemos pasado por eso, porque hemos alegado que “consultar
con la almohada” nos traerá respuestas y lo que nos trae es confusión y dudas
de nuestras capacidades.
La solución lógica
Consultar
con la almohada significa darnos ese break o chance para aclarar la mente,
discriminar el problema entre lo que nos afecta, lo absurdo, lo primordial, lo
secundario y lo no relacionado que hemos estado añadiendo. En fin, los pros y
los contras deben compactarse y la forma más alegórica de hacerlo, es planchar
la oreja contra la almohada.
Estar
de buenas con la familia, quererla, tocar otros temas, dormir de la manera
tradicional, sin cargos de conciencia ni echarse culpas de forma castigadora y
tener la convicción de que el descanso meritorio renovará las energías mentales
para las resoluciones, es la cura contra el mal de poner en la cama y almohada
la responsabilidad de solucionar los problemas.
Sí
los problemas u oportunidades trascendentales que ameritan una decisión nos
agarraron de pie, pues de pie y bien despiertos, descansados y en el tope de
nuestras capacidades cognoscitivas y morales nos deben encontrar.
Para
resumirlo todo: No es consultar con la almohada el preguntarle cómo se debe
afrontar las cosas, sino consultarle sí nos colabora a una buena noche de sueño
para tener las baterías recargadas y así darles duro a los problemas de la
manera más justa y/o salomónica posible.
Eso
reducirá lo gruñón, decepcionado, desolada o deprimida que te hayas sentido y
no contagiarás a tu familia de esos males. Al contrario, bien descansada y bien
comido, con buena conversa, lectura y actitud, le das ejemplo de fuerza a la
familia y esta aprende a defenderse de los problemas, sabe atrapar oportunidades
con prudencia y se le reduce el mal humor y la tristeza.

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