Recuerdo
gratamente un viejo episodio de “Los Magníficos” (The A – Team o El Equipo A),
una de mis series favoritas, en el que Hannibal, Mario y Templeton son
capturados junto a Amy, fueron capturados por un grupo subversivo mientras
estaban en un rescate.
Cuando les
llevaban a pie desde la puerta a una celda, caminaban los 4 siendo vigilados,
en silencio. Al estar encerrados y solos, Hannibal preguntó a los compañeros,
¿Qué vieron? Y cada uno de ellos respondió segmentando desde su posición,
cuántos hombres, armas, posición, estructuras, defensas, vigilancia, vehículos,
etc., poseían los subversivos.
La reportera
-impresionada- les preguntó que cómo vieron todo eso, a lo que le explicaron
que el prestar atención y saber a qué atenerse, es el deber de un soldado.
En mí casa
me hacían ver con detenimiento alrededor antes de hacer las cosas, para evitar
pegarme, tropezar, romper algo, golpear o perjudicar a alguien, lo que se hizo
intuitivo.
Y no, no es
100% eficaz, pero aminora los malos ratos y permite que el cuerpo tenga un
reflejo o discernimiento propio en pro de su preservación y de lo de lo que le
rodea. Para hacerlo más sencillo a esta generación, es como desarrollar el “Ultra
Instinto” de Gokú.
Prestar atención
Esta no es
solo una manera de atender a nuestros superiores o mayores, parejas e hijos. Es
la de hacer que las cosas grandes y pequeñas valgan por igual, sea para la
prevención o la conservación, la mejora o erradicación, para ser detallistas o
saber leer las señales de lo que les ocurre a las personas que nos rodean.
Prestar atención
es un preámbulo a la empatía, a la resolución de problemas o a llevarnos a
maravillar a propios y extraños -incluso a nosotros mismos-, realizando cosas
que sin atención, detalle y ganas de ser tiles de verdad, no se lograría.
Ayuda también
a ser perceptivo y poder alejarse de quien hace daño o de aquello que desdibuja
a lo que debería ser un entorno tranquilo.
Pero, ojo, no
es sinónimo de estar a la defensiva o predispuestos a que sucesos negativos
ocurran, sólo ayuda a aminorarlos y a estar rodeados de quienes sí nos
convienen, sin prejuicios, sólo adaptado a los hechos y engranando en lo que
sea conveniente con equidad.
Estar distraídos
es propio del ser humano. Pero poder resolver o remediar, adelantarse a alguno
acontecimientos, entender lo que dicen o hacen las personas queridas o con las
que compartimos, necesita el estar atentos de verdad, con la menor tendencia a
juzgar y con la mayor disposición a acoplarse a la situación, sin indiferencia
ni excesos de heroísmo.
Prestar atención
también ayuda a ver los demás escenarios y no abalanzarse desbocados. Algo que
ayuda a frenar los ímpetus, rebeldía o miedos de los adolescentes, reduce el
despiste de los esposos, hace más intuitivas y cercanas a las mujeres y permite
ser sus mismos guardianes, a los niños.

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