Una gran necedad ha surgido en varios gobiernos y grupos
de padres, diciendo que la tarea escolar es inútil y que no deberían de darse,
sino que todo lo que sea instrucción se quede dentro de las instituciones
educativas.
Desde HOGARISTECH manifestamos profundo rechazo a
ello, ya que han colocado a las tareas escolares como enemigas, siendo ellas
las principales aliadas de la práctica que lleva a la perfección.
Una tarea escolar es la continuidad de cada tema, porque
todos deben de una manera u otra trascender al aula y así permitir que el
estudiante genere conocimientos basados en la práctica y en otras formas de ver
a un enunciado, una descripción, un concepto, una fórmula o un aporte histórico
y/o cultural.
Cuando los niños y adolescentes hacen tarea en casa, se
dan cuenta sí tomaron buenos apuntes, demuestran su retentiva, saben en qué
están fallando y en qué están mejor de lo que pensaban, preparándose para los exámenes,
exposiciones, defensas y demás aplicaciones en la vida laboral, social o de
cultura general.
La tarea escolar es una práctica. Por ejemplo, un
estudiante, para reforzar sus conocimientos en matemáticas, puede colocarse a
sí mismo unos dígitos distintos en una fórmula establecida y solucionarlo. Con varios
cambios, pero dando resultados correctos luego de procedimientos estandarizados,
ya pasa a ser parte de sí mismo la resolución de los mismos.
La discusión de los ministros, secretarios de educación y
grupos de padres, entre otros colados, es que las tareas escolares resultan
retos para los padres que deben supervisarlas y/o realizar parte de ellas. Parece
que no ven que es también una manera de aprender o practicar lo ya aprendido y
que deberían de verse a los deberes escolares como prácticas, además de
investigaciones.
Porque aprender sobre un tema previo también ayuda a
generar debate y del mismo, sacar nuevas conclusiones e interiorizar resultados
y respuestas.
Podemos entender que las tareas de la escuela deben ser
guiadas para que los estudiantes sean las que los resuelvan, pero recordemos
que la educación se da en la casa y, una responsabilidad dada (tareas dejadas
por maestras, profesores), cada padre debe instar a cumplirla, por ser una obligación
adquirida por el mismo estudiante, desde el momento de iniciar su vida
estudiantil.
Por eso y más, nos negamos a que se ataquen a las tareas escolares o que busquen la manera de disminuirlas o eliminarlas. Nosotros, siendo adultos, en nuestros trabajos, de vez en cuando llevamos algo de trabajo a casa y en la comodidad del hogar y un entorno feliz y controlado, encontramos soluciones y mejores aportes.
Eso, es lo que consuetudinariamente hallan los
niños al resolver la tarea escolar de cada asignatura.
Sólo podemos estar de acuerdo que la mayoría de los
deberes, deben ser para los niños, con firma de revisión de los padres. Y que
los proyectos grandes que requieren investigación, montajes, recursos
adicionales, etc., deben ser minoritarios, concertados y de plazo amplio, para
que sean proyectos de aprendizaje y comunión entre todos.
Porque la escuela es un lugar que dejamos físicamente,
pero nunca en espíritu; la vida siempre nos da una razón para volver
sentimental y prácticamente, a ella.

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