Educar a Tiempo Diciendo Toda Verdad Horrible

Algo a lo que de una u otra forma nos lleva la vida, es a conocer la verdad horrible de las cosas. Y no, no es como algunos falsos gurús de las redes sociales y medios de comunicación tradicionales te quieren imponer para ganar seguidores: es un aprendizaje que surge de los errores, las actitudes, la falsa de aptitud, del mal manejo de las emociones, del uso de la fuerza bruta o las ínfulas de poder.

¡Benditos sean los padres, abuelos, hermanos, tíos que dan buenas enseñanzas y mejores ejemplos!, de ellos surgen miles personas de bien. Y no demeritemos a los hijos que incluso en la adversidad, no se creen superiores a nadie, avanzan en la vida y llevan de la mano a la gente buena e incluso son ejemplo para los malos que buscan verdadera redención.

Millones de casos hay, de seguro hay en su hogar, de gente buena que se alejó de las tentaciones, no se inmiscuyó o probó lo que a todas luces está mal a los ojos de Dios y de los hombres. También resurgieron de las cenizas; la adversidad no oscureció sus almas sino que las llenó de una nueva luz. En fin, no llegaron a vivir una verdad horrible, pero sí errores que se transformaron en sabiduría y aciertos que se transformaron en mejores escalafones para ser buenos seres humanos y por consiguientes, buenos ciudadanos.

verdad horrible

 

La verdad horrible

Aunque sea cruel, hay que explicarles a los hijos la verdad horrible del robo, la agresión y la traición. Que en las cárceles lo podrían perder todo, vivir con un terror que los agobiaría, sin poder dormir, sin saber qué hora es, perdiendo la higiene, comiendo mal, sin libertad para ser y olvidando quién era y todo lo que vivió.

Le ha ocurrido al más pobre como al que lo tuvo todo, pero amparó al mal, vio hacia otro lado cuando otros hacían el mal; no fue prudente ni astuto, se dejó tentar por el dinero fácil y los lujos; sucumbió ante el placer de la carne o se creyó más que otros y usó la fuerza física u objetos para herir o matar, adosándose ahora el componente de la agresión verbal o psicológica, lo que implica que usó su cerebro e ideas para manipular o vejar a otros.

La cárcel es esa verdad horrible que puede y debe evitar con tan sólo no tomar lo ajeno ni creerse superior ni inferior a nadie. Que la igualdad sea su norte y el razonamiento, astucia y control su manera de ser para que la ley le ampare y no le castigue.

Hay que enseñarles la verdad horrible de no ser prudente e irrespetar por el mero hecho de beneficiarse (consecuencia de la fatídica enseñanza de “yo primero, yo segundo y yo tercero”). De esa forma la gente no manejará por donde le da la gana, ni pondrá música a full volumen o echará basura. Mucho menos mentirá sobre otras personas para beneficio propio y sabrá convivir. Esa es una manera de vivir al máximo, teniendo los problemas o encontronazos por debajo del mínimo.

Otra verdad horrible es la de la rebeldía por emulación y no del corazón, con propósito y resultados amplios. De nada sirve tatuarse o pintarse el cabello, dejarse de bañar o comenzar a fumar sólo porque los demás hacen o porque así se siente bien y los demás deben respetarlo.

Más bien deben entender que los demás le permiten ser así, incluso contra el sentido común humano de salvaguardar sus vidas a través de la salud. En fin, le respetan, por lo cual es su manera que contrasta la que debería de saber engranar. Eso le brinda el sitial en la sociedad y hace que, incluso vestido de lentejuelas y con cuernos, sea un ente social que sabe ser igual a todos (o sea, sabe el deber ser).

Cada verdad horrible debería ser tema de conversación cruda en cada casa. Pero las generaciones o se están ablandando mucho o los padres modernos dicen que deben conocer sus propios errores, cosa que es cierta porque es proceso humano de fallar y proseguir.

Pero antes de cada falla debe existir información, ejemplos, visualización de posibilidades, conversación de las normas, entender la ley, saber o recordar que cada acto tiene consecuencias y nadie está exento ante la ley sí se equivoca. Eso se enseña en casa con palabras y ejemplos.

Antes de que los hijos vean cada verdad horrible de la vida, los padres deberían de decirlas con la mayor sutileza e incluso practicar el cómo revertir, evitando entrar en el miedo del no intentar -lo que sea viable- y aupando el que se obvie de probar lo que sea dañino (drogas, manipulación, corrupción, celos enfermizos, abandono personal o el instinto de ser asocial sólo para llamar la atención).

Para que cada vez veamos a menos personas sufrir las consecuencias de una y otra verdad horrible, enseñemos en casa que estas existen y que se pueden combatir combinando mente, alma, corazón y acción. Porque para que se cumplan nuestros derechos, deberíamos bien saber y cumplir con nuestros deberes, es la manera más equilibrada de sanear a la sociedad.

Lcdo. Argenis Serrano 

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