Enseñar a Tener Iniciativa

Tener iniciativa es aventajarse en este mundo cada vez más acelerado y lleno de distracciones digitales, la capacidad de observar el entorno, anticiparse a las necesidades de los demás y actuar sin esperar a que nos lo pidan se ha convertido en una superpotencia. Formar niños y jóvenes proactivos y atentos no es cuestión de exigirles tareas, sino de cultivar en ellos un sentido de propósito, empatía y aguda observación.

A continuación, encontrarás pautas y consejos prácticos para despertar esa chispa de iniciativa y afinar sus sentidos para que aprendan a estar siempre un paso adelante. De esta manera, sus hijos entenderán a personajes como Phineas & Ferb, quienes no se quedan parados porque no hay clases y son constructores natos de lo que imaginan; o entender a MacGyver y cómo este personaje entiende el ambiente para actuar y/o prepararse para lo que vega.

tener iniciativa
 

Cultivar el ojo observador para tener iniciativa: la atención al detalle

El primer paso para la iniciativa es aprender a mirar lo que la mayoría ignora. La proactividad nace de notar que una jarra de agua está vacía, que alguien lleva una carga pesada o que una herramienta quedó fuera de su sitio. Para ejercitar esto en casa o en el aula, invita a los jóvenes a pausar y observar su entorno con curiosidad antes de intervenir.

El célebre naturalista y divulgador David Attenborough, admirado mundialmente por su infinita curiosidad y consideración hacia el mundo vivo, suele recordar que la observación paciente es el origen de todo entendimiento. Attenborough enfatiza la importancia de escuchar y observar en silencio para comprender qué necesita el entorno antes de actuar. Enseñar a un niño a escuchar el tono de voz de un amigo o notar los pequeños desórdenes cotidianos es el primer entrenamiento para afinar sus sentidos.

 

Anticiparse a las necesidades: pasar de reaccionar a actuar

Estar un paso adelante significa pensar en las consecuencias lógicas de una situación. Si mañana hay excursión, la iniciativa no es solo hacer la mochila cuando te lo recuerdan, sino revisar hoy si las zapatillas están secas o si la cantimplora está llena.

La primatóloga y activista Jane Goodall, referente global de empatía, consideración y firme iniciativa, propone que la clave para movilizar a los jóvenes está en mostrarles que cada acción individual, por pequeña que sea, genera un impacto. Goodall afirma que cuando le das a un joven la responsabilidad de cuidar algo o a alguien, su mente se activa de forma natural para prever problemas y buscar soluciones antes de que ocurran.

 

Desarrollar la empatía como motor de utilidad para tener empatía perenne

Ser útil para uno mismo y para los demás no consiste en obedecer órdenes, sino en comprender cómo nuestras acciones facilitan la vida de la comunidad. La verdadera iniciativa surge cuando la empatía se transforma en acción.

Sobre esta actitud, la Madre Teresa de Calcuta, reconocida internacionalmente por su entrega atenta hacia las necesidades de los demás, solía aconsejar que no debemos esperar a los grandes líderes para hacer las cosas, sino empezar persona a persona, haciendo las cosas pequeñas con gran amor. Transmitir esta filosofía a los jóvenes les enseña que recoger un papel del suelo o preparar un vaso de agua para alguien cansado no requiere permiso ni aplausos, solo la sensibilidad de querer ser útil.

 

Fomentar la autonomía y perder el miedo al error

Para que un niño o un joven se atreva a tener iniciativa o tomar la iniciativa, necesita un entorno donde no se castigue la buena intención que sale mal. Si al intentar servir el jugo derrama un poco, la respuesta debe valorar la intención y enseñarle a limpiar, en lugar de reprender el descuido.

El filántropo y empresario Bill Gates, conocido por su visión anticipada de la tecnología y su enfoque global en la resolución de problemas mediante la Fundación Gates, destaca que la iniciativa requiere la libertad de experimentar y asumir responsabilidades reales desde temprana edad. Gates sugiere dar a los jóvenes proyectos propios donde ellos sean totalmente responsables de los resultados, lo que los obliga a planificar, prever contratiempos y estar atentos a cada detalle.

 

Crear rutinas de reflexión y anticipación diaria

Para consolidar el hábito de la proactividad, es útil cerrar el día con preguntas que ejerciten el pensamiento de avance y que son la antesala directa a tener iniciativa a full time: "¿Qué podemos hacer hoy para que la mañana de mañana sea más fácil?", "¿De qué te diste cuenta hoy que alguien necesitaba y cómo pudiste ayudar?". Estas conversaciones sencillas van moldeando la mente para que, de forma automática, busque maneras de aportar valor constante en su día a día.

Lcdo. Argenis Serrano 

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