Una
familia de 8 hermanos, sin padre, tenían a su madre enferma y sólo uno de ellos
-el mayor-, se quedó a cuidarla en los últimos años de su vida y corriendo con
todos los gastos, ya que sus hermanos se colocaron intencionalmente al margen.
Al fallecer,
en pleno entierro, los siete hermanos realengos le dijeron al mayor que él no
se podía quedar con la casa ni el galpón, que debía venderlos y darles su parte,
“sí no quería amanecer con el mosquero en la boca”. Lo que él hizo porque la
amenaza de su propia sangre, era cierta.
Casos
como este se han repetido por generaciones, con varios o un hijo que cree tener
mayor necesidad y potestad sobre sus hermanos y se endeuda contando con la
muerte de sus padres para -supuestamente- pagar sus deudas.
Ocurre
en cualquier estrato social, no es propio de la riqueza o la pobreza. Hasta los
hijos únicos que hacen de su vida un desastre, embargan, engañan, hipotecan o
claman a sus padres que se despeguen de sus bienes materiales para pagar deudas
de malas inversiones, juegos, despilfarros o de involucrarse con los seres
equivocados.
No se recomienda precisamente en un hogar que se haga como Elon Musk o Jackie Chan que desheredaron a sus hijos por ideología o etc., pero sí enseñarles a contar son el sudor de su frente.
Que contar con sus padres no es pedirles todo para
luego reponerles nada y que sean ellos las víctimas de decisiones que bien
pudieron analizar o, de ser un golpe de mala suerte o las acciones fraudulentas
de terceros, tampoco se puede enviar al foso a los parientes.
La herencia
es más que dinero, son valores, disciplina, dignidad, honor, moral, ética,
compromiso y verdad. Para poder recuperarse sí falla y saber mantenerse sí las
ganancias son prósperas, porque otra versión de esto sobre el mosquero en la
boca, es que cuando los hijos hacen dinero, se olvidan de padres, abuelos,
hermanos para ayudarles o compartir, incluso los execran y los amenazan en
caso de pedirles algo de ayuda o, peor aún, cuando quieren contactarle para
compartir como la familia que fueron y deberían de ser.
El dinero
más sabroso de tener es el que se gana. Hasta los herederos con conciencia saben
que deben cuidar la herencia para no tratarla como un botín a despilfarrar,
sino para que el legado de alguien trascienda y les ayude a tener lo que cada
familia debería de buscar en comunión, al menos en el renglón económico: una
sana solvencia.
Antes
de que sus hijos le hablen a sus hermanos o a ustedes con amenazas como esa del “mosquero
en la boca”, edúquenles para que sepan valerse por sí mismos y que entiendan
que el valor del dinero nunca está atado a la codicia, la tacañería o el
despilfarro, así como tampoco contar con el mal de los demás (muerte, inhabilitación,
demencia, robo), para poder saldar deudas, especialmente aquellas que no son por
necesidades básicas o secundarias, sino por falsos estilos de vida.
Ninguna
familia de bien, debe amenazarse entre sí, mucho menos por dinero.

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